Esta técnica fue la utilizada por el Cuarto Hokage para derrotar a Kyuubi. La técnica crea un pacto con el Dios de la Muerte, en el que a cambio de que el Dios de la Muerte selle el alma del enemigo, también sellará el alma de aquel que ejecute la técnica. La técnica lleva un tiempo, primero la secuencia de sellos carnero - cerdo - serpiente - rata - perro - conejo - serpiente - caballo - gallo, después se tiene que esperar a que el Dios de la Muerte introduzca su brazo en el alma del usuario de la técnica. En ese momento ya se puede capturar el alma del enemigo, para lo cual hay que inmovilizarlo y esperar a que el brazo de la Muerte agarre su alma. La técnica termina, bien cuando el alma del enemigo es completamente arrancada de su cuerpo, bien cuando el usuario decide sellar lo que ya haya sacado del alma del enemigo. Cuando se sella solo parte del alma del enemigo, su equivalente en el cuerpo sufrirá un estado de muerte, ya que esa parte perderá todo su chakra y se pudrirá, provocando un insoportable dolor al que sufra la técnica.
Las almas de los sellados no pueden ir al cielo, sino que permaneceran en el estomago del Dios de la Muerte por toda la eternidad, en una eterna lucha de odio.
En una de sus variantes, el espíritu que se absorbe puede ser transladado a otro cuerpo diferente de quien ejecuta la técnica. De esta forma, el Dios de la Muerte no lo puede devorar, y el portador del sello puede llegar a usar el chakra del espiritu sellado. |